En esta ocasión, me gustaría que cogiéramos la maleta y nos preparáramos para descubrir una auténtica joya de la naturaleza: las cataratas de Iguazú.

Para llegar a ellas, tendremos que trasladarnos hasta el Parque Nacional Iguazú, en Argentina, o bien hasta el Parque Nacional do Iguaçu, en el estado de Paraná, en Brasil. A finales del 2011 fueron seleccionadas, de manera provisional, como una de las “Siete Maravillas Naturales del Mundo”.

Las cataratas tienen un total de 275 saltos de agua, de una altura máxima de 80 metros, dentro del Río Iguazú, que las alimenta. Dentro de los parques que he mencionado antes, se llevan a cabo caminatas por senderos donde, además de disfrutar de las maravillas paisajísticas, se puede apreciar la flora y fauna locales aunque para los más marineros, también se ofrecen paseos en lancha bajo los saltos, una experiencia fascinante, sin duda.

El salto conocido como Garganta del Diablo, al ser el más alto (80 metros) y el de mayor caudal, se puede disfrutar en toda su majestuosidad desde solo 50 metros, recorriendo las pasarelas que parten desde Puerto Canoas. Para llegar, se puede utilizar un servicio de trenes ecológicos. Además, es justo en este salto por donde pasa la frontera entre Argentina y Brasil.

También merece la pena destacar que tanto el Parque Natural Iguazú, como el Parque Nacional do Iguaçu, forman parte de la lista de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, desde 1984 y 1986 respectivamente, con lo que esto conlleva en cuanto a su reconocimiento mundial. Además, sin duda, el turismo tiene un gran peso dentro de ambos parques, teniendo una gran afluencia de visitantes.

Como veis, hay motivos más que suficientes para visitar estas cataratas, para dejarse envolver por la magia del agua, pero también para descubrir la naturaleza que allí habita. Merece la pena disfrutar del paisaje único que ofrecen estos parques, y de la flora y fauna que en ellos habitan.

¡Quien pudiera ir hoy mismo!