Crisis…¿Qué crisis?

 

Se habla desde hace ya muchos años de la crisis. Cada cierto tiempo el gobierno nos modifica su previsión sobre el déficit público, nos jura y perjura que el fin de la bendita crisis está ya al alcance de la mano, cuando no afirman sus miembros con rotundidad que ya hemos tocado fondo o que la recuperación empezará a partir del último trimestre del 2013.      

Y si esto es lo que nos dice este gobierno no nos olvidemos del anterior, el de los brotes verdes, el que celebró con enorme pompa y boato que España hubiera superado a Italia y que afirmaba que Francia notaba nuestro aliento en su nuca. ¡Ah! Y no nos olvidemos de aquello de que el sistema bancario español era la envida del mundo mundial o el ya famoso “Plan E”.

Recuerdo con cariño y enorme respeto a uno de los mejores profesores que he tenido en mi vida, Don Ernesto Ramón Fajarnés, todo un personaje, lleno de sabiduría que ya allá por el año 84 o 85 nos definió a los economistas como aquellos individuos que jamás veían venir crisis alguna pero que luego rivalizaban entre ellos para ver quien daba la explicación más acertada que lo explicase todo.

Antes de que llegara el boom inmobiliario, cuando uno pretendía conseguir un crédito hipotecario, los bancos aplicaban cosas como no dar más del 80% del valor de tasación o que consideraban  que una hipoteca que implicase que quien la pidiera tuviera que destinar más del 30% de sus ingresos entrañaba enormes riesgos con lo que difícilmente se concedía. Pero de la noche a la mañana fluyó el dinero a raudales, se amplió el plazo de devolución hasta límites antes insospechados con lo que, con probabilidad, la hipoteca acabarían de pagarla los tataranietos. Ya por entonces comentábamos junto a un café aquello de “el día que esto pete va a pegar una h…ia que veréis”. Bien, es obvio que nos quedamos cortos y nadie se la vio venir tan grande.

¿Quién no recuerda aquellos tiempos en los que nos vendieron que la globalización era la cura a todos nuestros males? Ya ha llovido y, para bien o para mal, ya se ven los resultados. Las fábricas en el todavía llamado “primer mundo” se han ido cerrando para producir en países de extremo oriente, con China a la cabeza, claro. Por supuesto todos queremos tener cada vez más trastos y, no faltaría más, cumpliendo las tres premisas básicas: bueno, bonito y barato. Claro, para conseguirlo, hay que fabricarlo cuando más lejos mejor pero ¿Cómo se consigue que se fabrique tan barato? Bien, basta con recordar lo recientemente ocurrido en Bangladesh. ¿Quién no recuerda aquello de “ojos que no ven…”? Que lejos está Bangladesh ¿verdad?

Claro, ya cuando se van cerrando fábricas porque casi todo se fabrica en países del aún llamado “tercer mundo”, aunque uno de esos países ya sea la primera potencia económica mundial, parece que alguno que otro va despertando a la realidad.

Los sistemas tienden a buscar el punto de equilibrio. Si no me falla la memoria así me lo explicaron en mi época de estudiante. No hay que ser un lince para pensar que si nosotros compramos lo que se fabrica en otros países sin garantías ni derechos, con jornadas de trabajo que rozan la esclavitud, es cuestión de tiempo que ese primer mundo y ese tercer mundo tiendan al equilibrio. Para ello el que está arriba tendrá que ir bajando hasta encontrar al otro que va subiendo. El problema es cuánto vamos a bajar los que estábamos arriba porque el que está abajo o muy abajo cuanto más suba mejor.  Conclusión, todo apunta a que el primer mundo será cada vez menos rico y próspero aunque dudo mucho que en los menos ricos la nueva prosperidad repercuta en mejoras sociales.

Todo esto viene a cuento de este más que interesante artículo que pude leer en ABC hace un par de días y que os comparto. Sinceramente, más claro…agua. Me temo que aun tardaremos en ver la luz al final del túnel.

http://www.abc.es/economia/20130529/abci-peligro-trabajar-como-chinos-201305282057.html

¿Cómo se lucha contra esto?

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